El Teatro Municipal Enrique Buenaventura abrió sus puertas para recibir a un público que llegó con una expectativa clara: escuchar aquellas canciones que han acompañado su vida espiritual y la de miles de personas. Lo que encontraron, sin embargo, superó cualquier pronóstico. La velada se transformó en un viaje donde la fe y la excelencia artística se encontraron, llevando un repertorio tradicional a un nivel completamente nuevo gracias a la fuerza majestuosa de la Orquesta Filarmónica de Cali.
Bajo la dirección magistral del maestro Paul Dury, quien guio a los músicos con una pasión evidente en cada movimiento de su batuta, la noche cobró vida. ‘Sinfonía en la Sucursal: Un Canto al Cielo’ brilló gracias a los arreglos sinfónicos creados especialmente para esta ocasión, fruto del meticuloso trabajo musical de Carlos Bonilla y Hardison Castrillón.

Sobre el escenario, la imponente orquesta se fusionó de manera perfecta con las voces del coro formado en la Escuela de Música Desepaz y el talento de cinco cantantes solistas. Esta puesta en escena no solo llenó de música el recinto, sino que hizo cantar, aplaudir y emocionar a un teatro que se entregó por completo desde el primer acorde.
El impacto del concierto se hizo palpable en los rostros de los asistentes. Al finalizar la función, los aplausos se extendieron durante varios minutos y el público respondió con una ovación de pie. Las lágrimas de muchos de los presentes confirmaron que la experiencia había encontrado un lugar profundo en sus corazones.
Al salir del teatro, la conmoción seguía intacta y las voces del público se convirtieron en el mejor testimonio de lo que acababan de vivir. El concierto fue una sorpresa que trascendió fronteras y conectó directamente con el sentido de pertenencia:

«Me pareció espectacular. Yo vengo desde Turquía, te cuento, y ver estas expresiones artísticas en mi ciudad me encanta. La calidad de la orquesta, de los cantantes, me emocionó hasta las lágrimas, te lo digo. Gracias porque están haciendo un trabajo hermoso con estas actividades culturales.» — Nora Elena Mayor
Esa misma sensación de majestuosidad hizo eco entre quienes destacaron la entrega total y genuina de los artistas en el escenario, desde los más pequeños hasta los músicos consagrados:
«Estuvo estupendo. Fue un trabajo muy lindo, muy del corazón, muy armonioso. Los solistas, la sinfónica… estuvo bellísima, el coro de los niños, o sea, la función de todos. Sobradísimo. Divino, divino.» — Julieta Medellín
Para muchos asistentes locales, la noche representó un renacer de los grandes espectáculos en la ciudad, reafirmando el orgullo por el talento propio y el agradecimiento por estos espacios de encuentro:
«Me encantó, hace más o menos diez o quince años no vivíamos algo así aquí en Cali, pero estuvo precioso. Talento caleño, talento de otras partes, siempre bienvenidos a Cali. Esto es maravilloso y gracias a Proartes y a todos los que estuvieron involucrados por permitir este tipo de espacios.» — Mirna Álvarez

Esta noche histórica demostró que la música sinfónica tiene el poder de encontrarse con distintos repertorios sin perder su esencia. Para la Filarmónica de Cali, fue la oportunidad perfecta para seguir ampliando el diálogo con nuevos públicos, reuniendo a diferentes generaciones en torno a una misma emoción.
Un hito cultural que ya hace parte de la memoria reciente de la Orquesta y de la ciudad, posible también gracias al apoyo de la Alcaldía de Cali y la Secretaría de Cultura. Una noche donde la sucursal del cielo, literalmente, cantó a lo más alto.
